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Por
Edgardo Frigo
LA SITUACIÓN EN EL SECTOR PRIVADO DE LA SEGURIDAD
A partir de una época de fuerte crecimiento en la década de los ´80 y
principios de los ´90, en esta década la situación competitiva de las
empresas de la Seguridad Privada, Seguridad Electrónica y Transporte de
Caudales se ha vuelto mucho más complicada:
• Hay muchas más empresas de Seguridad que hace diez años,
• ingresaron nuevos competidores multinacionales,
• los clientes se están concentrando por lo que disminuye su número y
aumenta su poder negociador,
• se crean casi todos los días nuevos y atractivos nichos del mercado
que, a falta de experiencia local, se van llenando con firmas foráneas
especializadas, y
• ciertos segmentos de la oferta de seguridad eligen "competir"
cometiendo delitos o fraudes, tales como la evasión de sus obligaciones
de tributación impositiva.
Estas razones fuerzan a las empresas, para poder mantenerse vigentes en
medio de una dura lucha por precios, a buscar disminuir continuamente
sus costos operativos.
Al mismo tiempo, los clientes reclaman mejoras continuas en los standard
de prestación de servicios, o amenazan con cambiar de proveedor.
LAS COSAS NO VAN MEJOR EN EL SECTOR PÚBLICO
De más está decir que la situación no es mejor para las Fuerzas Públicas
de Seguridad de nuestros países latinoamericanos. Los índices
relacionados con el delito aumentan en forma persistente en toda la
región, la sensación de inseguridad de la población aumenta, y desde
todos los sectores sociales se elevan reclamos para que nuestras Fuerzas
Públicas "mejoren su efectividad", lo que también es extensivo a los
Profesionales de la lucha contra el fuego.
Los presupuestos públicos destinados a la Seguridad se mantienen o
disminuyen al mismo tiempo que se reclaman mejoras en el nivel de las
prestaciones públicas de Seguridad y mayor adiestramiento de sus
funcionarios (y eso cuesta), la tecnología es cada vez más cara (usted
¿sabe cuanto cuesta una autobomba?).
EL DILEMA DE HIERRO
Esto pareciera colocar a las organizaciones públicas y a las empresas
privadas de Seguridad en un dilema de hierro: precisan dar mayor calidad
para mantener su base de clientes y satisfecha a la sociedad; no pueden
aumentar sus costos operativos, en un caso porque si aumentan sus
precios quedan fuera del mercado y en el otro por falta de presupuesto.
Y no pueden mejorar su calidad de servicio sin aumentar sus costos.
¿Puede mejorarse la calidad bajando los costos al mismo tiempo?
LOS COMPONENTES DEL SERVICIO
En las de Seguridad, al igual que en otras organizaciones de prestación
de servicios, el principal componente de un "buen" servicio se relaciona
con la calidad de los recursos humanos involucrados. Podemos mejorar la
calidad de los móviles, los equipos de comunicaciones, los uniformes, el
armamento y mudarnos a una nueva sede revestida de mármol; pero si el
equipo humano no mejora, la calidad no cambiará.
Ahora bien: manteniendo constantes todos los demás elementos, ¿cómo
mejoramos la calidad de nuestro grupo de colaboradores? Esto entre otras
cosas requiere procesos de selección e incorporación de mejor calidad,
un perfil más alto de los incorporados, mayor de entrenamiento y una
supervisión de mayor frecuencia y calidad. Todos estos procesos aumentan
los costos, y el mercado penaliza severamente estos aumentos.
¿Qué hacer en esta situación?
BAJANDO LOS COSTOS
Como en toda organización intensiva en personal, en las organizaciones
de Seguridad el principal componente de costos es el de remuneraciones
de su plantilla. Cuando se busca bajar los costos, entonces, el primer
impulso es disminuir esa plantilla despidiendo personal. Ahora bien, ¿a
quién despedir?
En el caso privado, con cada uno de nuestros clientes hemos firmado un
contrato, que nos obliga a mantener determinado número de guardias en
cada objetivo. Por lo tanto aquí, en la frontera de contacto con el
cliente, no podemos despedir a nadie.
En el caso público el contrato es implícito, pero igualmente existe.
Entonces ¿cómo quitaremos "grasa" de la organización?
Probablemente buscaremos disminuir el número de los otros colaboradores
de la empresa, en áreas no operativas y en niveles de supervisión,
jefatura o gerencia. De este modo pensamos que, si bien seguramente no
mejoraremos la calidad, al menos bajamos los costos. Pero ¿realmente se
bajan los costos de este modo?
LA ESTRUCTURA
Todos conocemos un organigrama. Es un diagrama que demuestra el sistema
de relaciones de rol. Esto significa que se esquematiza quien depende de
quien - al menos formalmente -, y qué nombre tiene cada posición.
En la situación ideal el organigrama formal se corresponde con el real.
Esto significa, por ejemplo, que las líneas informales de reporte
coinciden con las formales, que no sobran ni faltan posiciones ni
niveles jerárquicos, que las cadenas de responsabilidad son coherentes
con lo que la empresa quiere lograr, que cada colaborador es competente
para cubrir el rol que tiene asignado, etcétera.
LOS NIVELES JERÁRQUICOS
La cantidad de estratos jerárquicos que debe tener una empresa no es
caprichosa. Cada nivel existe para algo: tiene que hacerse responsable
de resolver cierta clase de problemas y de tomar ciertas decisiones que
están de acuerdo con la experiencia, entrenamiento, responsabilidad y
autoridad necesarios para ocupar ese nivel.
Cada nivel jerárquico, entonces, enfrenta una cantidad de problemas.
Resuelve los que corresponden a su propio nivel de complejidad, delega
los que corresponden a niveles subordinados, y eleva los que deben ser
resueltos a niveles más altos. Cuando la cadena está bien armada, cada
uno se hace cargo de la tarea por la cual se le paga: resolver problemas
y tomar las decisiones que corresponden a su nivel.
CUANDO SOBRAN POSICIONES
Una situación empresaria que se presenta de modo sorprendentemente
frecuente, es la proliferación de niveles jerárquicos, particularmente
visible en el sector público. A partir de estructuras iniciales
sencillas y sin complicaciones, el crecimiento provoca la creación no
planificada de posiciones de supervisión que a la larga parecen no
justificarse.
En el sector privado puede ser, por ejemplo, que una empresa decida en
cierto momento que necesita una determinada posición adicional.
Supongamos que se trata de un supervisor, que depende de un jefe de
operaciones. Incorpora entonces a una persona que se hace cargo de
cubrir el rol presuntamente vacío, introduciéndose un nuevo nivel
jerárquico en la empresa.
Luego, quizás cuando la persona renuncia o cuando es despedida en el
intento de disminuir los costos, casi no se advierten cambios en el
funcionamiento de la compañía. Allí, tarde, se advierte que esa posición
no agregaba valor a la empresa ni el Cliente, y que si en algún momento
se justificó la creación de la posición, ese momento ya habia pasado.
Desde una perspectiva organizacional, ¿qué ocurría en éste caso?
Evidentemente la estructura era inadecuada por exceso. Esa posición
agregaba costo pero no valor, y aquí se conseguía una disminución real
de costo sin afectar la calidad de servicio.
CUANDO FALTAN POSICIONES
Una segunda situación se da cuando la organización, para brindar sus
servicios de modo adecuado, debe tener cierta estructura mínima pero en
realidad no la tiene.
Por ejemplo, supongamos que falta la posición de "jefe de operaciones".
En este caso no existe el rol funcional de jefe, pero en la empresa hay
que tomar decisiones que corresponden a ese nivel. Deben ser
resueltos problemas que superan el poder de decisión y la capacidad de
juicio del empleado, pero que no son tan complejos como para que deban
ser resueltos por el gerente.
Los problemas están, pero falta el escalón jerárquico para resolverlos.
¿Qué ocurre entonces? En estos casos el gerente "baja de nivel",
resuelve a esos problemas y toma decisiones de nivel de jefatura. Esto
suele insumir una parte sustancial de su tiempo. La organización
entonces obtiene un jefe caro - ya que le paga sueldo de gerente - y un
gerente ineficiente, que no puede hacerse cargo completo de su
responsabilidad gerencial.
Ante este vacío de gerencia, el gerente general se ve obligado a
resolver cuestiones que en realidad corresponden a su subordinado, ese
gerente que está haciendo el trabajo de jefe.
En este caso la organización, que cree que ha disminuido sus costos
porque ha dejado de pagar un salario de jefatura, en realidad los ha
aumentado porque ha conseguido un jefe con salario de gerente. Al mismo
tiempo quedan sin realizar tareas de mayor complejidad correspondientes
a los niveles de gerencia y gerencia general, porque los estratos
superiores pasan su día resolviendo menudencias.
Los costos aquí no sólo no disminuyen sino que aumentan de modo
encubierto, y además en general resiente el funcionamiento de toda la
organización y la calidad de los servicios que brinda.
CONSIGUIENDO LO IMPOSIBLE
¿De qué modo, entonces, conseguimos mejorar la calidad disminuyendo los
costos al mismo tiempo? Ya hemos visto que si faltan posiciones
necesarias, se resiente la calidad de servicio y hay un aumento de los
costos ocultos. Y si sobran posiciones respecto a lo requerido también
aumentan los costos pero la calidad no mejora.
Para conseguir lo que aparentemente es imposible, entonces, los
directivos deben:
• Clarificar qué es lo que la
organización tiene que hacer bien
• Analizar cuál es la estructura
requerida para hacer lo que hay que hacer
• Organizar esa estructura requerida,
que será la estructura más pequeña y más barata capaz de hacer lo que
hay que hacer.
Esto significa que se racionalizará la cantidad de niveles jerárquicos
(no más pero tampoco menos que los necesarios), que se clarificarán las
responsabilidades de cada rol, y que se establecerá un adecuado
equilibrio entre la capacidad de cada persona, el nivel real de su
trabajo y su remuneración.
Cuando este trabajo de racionalización estructural se realiza
adecuadamente, se consigue lo que en apariencia es imposible:
• Mejoran la efectividad de la organización y
su calidad de servicio
• Mejora sustancialmente la motivación del
equipo de trabajo, ya que cada uno hace lo que tiene que hacer y no le
sobran ni le faltan jefes ni subordinados
Al mismo tiempo disminuyen los costos operativos y desaparecen los
costos ocultos de la ineficacia
Una reflexión seria sobre los objetivos de la
organización (ya sea pública o privada), su mercado y las necesidades de
sus clientes, sienta las bases para organizar adecuadamente el esquema
de trabajo de su equipo de colaboradores.
Cuando esta forma organizativa es la requerida para la situación
específica se pueden disminuir los costos, aumentar sustantivamente la
calidad de servicio y mejorar la capacidad competitiva general de la
organización.
Edgardo Frigo, autor de
este artículo (
efrigo@mr.com.ar ,
www.forodeseguridad.com/frigo.htm ),
se especializa en management de Seguridad. Es consultor y profesor
universitario, coordina este Foro de Profesionales Latinoamericanos
de Seguridad, y es Director Académico de la Federación Panamericana
de Seguridad Privada.
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