Los
elementos que influyen en la atención al cliente
En mercados en los
que los productos –y sus precios– son esencialmente idénticos, el
único modo de lograr diferenciación y mejorar la percepción de valor
es mejorar sustancialmente la calidad de atención y servicio, para
lograr la satisfacción y la lealtad del cliente.
En casi todos los mercados, los productos
migran rápidamente hacia la commoditización.
Los clientes los perciben como básicamente iguales, o las diferencias
percibidas no tienen mayor significación. Esto ocurre tanto en
mercados de productos como de servicios.
En mercados de productos, los clientes no
perciben diferencias claras entre un televisor Hitachi y otro Phillips,
o entre automóviles Ford y Volkswagen. En mercados de servicios, no
existen diferencias significativas entre sacar una fotocopia en el
lugar A o el B, o entre los servicios de seguridad privada de la
empresa A y la B. No sólo los productos y servicios son
tecnológicamente similares: también lo son sus precios.
Por lo tanto, las decisiones de compra de los clientes son
influenciadas por otros elementos, además del valor del propio
producto. Este “valor agregado ajeno al producto” abarca todos
los factores que se relacionan con la calidad de servicio al cliente.
Este es el modo en que las empresas agregan más valor, aunque el
producto sea esencialmente idéntico.
Los elementos decisivos
La percepción de calidad por parte del cliente es influida por
múltiples elementos, que forman parte de la oferta de valor que
realiza la empresa. Entre ellos se encuentran:
-
Modo en que se maneja el
contacto inicial
-
Seguimiento pre-venta del
cliente potencial
-
Especificaciones claras
del producto: características, precio, condiciones de pago,
garantía, disponibilidad, apoyo postventa
-
Procedimientos claros y
sencillos para hacer pedidos
-
Cumplimiento de las
condiciones establecidas y los compromisos contraidos
-
Notificación anticipada
de cualquier cambio en las condiciones pactadas, que además se
justifique de un modo razonable
-
Asistencia en la entrega
del producto
-
Facturación clara, sin
ítems misteriosos ni cargos ocultos
-
Acceso sencillo al
proveedor
-
Seguimiento y apoyo
postventa
-
Personal cordial y evidentemente dispuesto
a ayudar.
Contacto inicial: Es extremadamente
importante que el personal de contacto inicial, generalmente
vendedores, actúen más bien como asesores del cliente y no busquen
realizar la venta aplicando tácticas de presión o engaños. La empresa
debe establecer claramente los parámetros de manejo de estos contactos
iniciales.
La primera impresión que reciba el cliente suele ser fundamental, y es
muy difícil erradicar las impresiones iniciales negativas.
Con frecuencia la primera impresión se genera mucho antes de que el
cliente comience a hablar con algún empleado.
Algunos de los aspectos que influyen sobre su percepción incluyen el
tamaño, aspecto y limpieza de las instalaciones, el ambiente general
del área de recepción, el estacionamiento previsto para clientes y la
limpieza de los baños.
Seguimiento pre-venta: Luego del contacto inicial el vendedor
en general busca establecer un contacto permanente con el potencial
cliente, buscando asegurar que se aclare cualquier duda. Los clientes
no deben sentir que se los está presionando para la compra. Si esto
ocurre, en general sólo se logrará que no afloren las dudas que pueda
tener el cliente sino que éstas aumenten, y se oculten mediante
tácticas de dilación.
En éste punto el cliente aún no ha llegado a una decisión. Puede no
tener completamente claras sus propias necesidades, y dudar del modo
en que el proveedor pueda satisfacerlas. Aquí puede ser de gran
utilidad el asesoramiento adecuado.
Para esto se requiere que el vendedor conozca sus propios productos y
el negocio y los procesos del cliente, y lo asesore desde una posición
de total honestidad.
Especificaciones claras: Nada molesta más a un cliente que la
vaguedad y falta de claridad al establecer las características y
especificaciones de un producto. Esto puede ocurrir tanto en forma
deliberada como por descuido, pero en ambos casos es igualmente dañino
para la venta. Lo mismo pasa con el precio y las condiciones de pago:
la falta de claridad, o la inclusión de “extras” que no había sido
claramente pactada entre las partes, deteriora fuertemente la imagen
frente al cliente.
Puede ser que éste no se queje en el momento pero lo recordará, y lo
sacará a relucir en el momento menos oportuno. En cuanto a la
garantía, hoy se ha convertido en una herramienta fundamental de
venta.
Véase lo ocurrido en el mercado del automóvil, que ha evolucionado
desde una situación en la que las empresas prácticamente no se hacían
responsables por sus productos, hasta otra en la que algunas empresas
garantizan sus productos por cinco años. La fecha realista de entrega
también es importante.
Deben evitarse las promesas de entrega “optimistas” que no pueden
cumplirse, y dan como resultado clientes frustrados o consecuencias
más graves aún, particularmente cuando los bienes o servicios
comprometidos se relacionan con otras necesidades o actividades del
cliente.
Procedimientos de pedido: Este punto parece redundante, pero es
notable comprobar lo difícil que puede ser lograr que algunas empresas
nos vendan sus productos o servicios. En algunos casos, el proveedor
impone procedimientos rígidos que no se adaptan a las necesidades del
cliente; en otros, lo obliga por ejemplo a llenar formularios
complicados con información poco relevante o ya disponible.
Cumplimiento de lo pactado: Debería ser innecesario aclarar la
importancia de cumplir estrictamente con lo acordado. Además del
evidente deterioro que se produce cuando el proveedor no se atiene a
especificaciones y condiciones, las investigaciones han demostrado que
cuando los proveedores se atienen estrictamente a lo prometido, los
clientes pagan más rápidamente.
Evidentemente, cuando el cliente no tiene motivos de queja es más
probable que respete su parte del trato y pague en término.
Notificar los cambios: Es posible que el proveedor pueda
cumplir absolutamente todas las condiciones pactadas con el cliente,
pero en general siempre surge un imponderable. Uno de los cambios más
frecuentes en lo pactado es no poder cumplir con la fecha de entrega.
En este caso es fundamental tomar contacto inmediato con el cliente
una vez que se descubre que no se podrá cumplir con la fecha
comprometida, sin esperar hasta que llegue el momento.
Esto en general permite, si la razón del retraso es comprensible,
acordar una solución para reducir al mínimo cualquier inconveniente
que el cliente pueda sufrir por la falta de cumplimiento de lo
pactado. Tomar contacto con el cliente antes de que ocurra el evento
también permite generar mayor confianza, ya que el cliente percibe que
el proveedor se preocupa sinceramente por resolver sus problemas o al
menos trata honestamente de reducirlos al mínimo.
Asistencia de entrega: Algunas empresas creen que su trabajo
terminó cuando entregaron el producto y que, de allí en adelante, el
problema es del cliente. Quizás esto puede ser cierto en algunos casos
cada vez más aislados. Pero muchas veces el cliente necesita ayuda o
consejos para familiarizarse con el producto que compró, sobre todo en
momentos en los que los productos tienen cada vez más tecnología
incorporada. Esta ayuda puede materializarse de muchos modos, tales
como entrenamiento del cliente o asistencia para buscar al producto
nuevos usos de modo de aumentar su valor percibido. El proveedor debe
garantizar que el producto o servicio se integrará con los procesos
actuales del cliente del modo más suave posible.
Facturación clara: Es indispensable una facturación
transparente de lo que se pide al cliente que pague. Aún siguen
existiendo facturaciones que para muchos clientes son poco claras o no
transparentes, tales como las de las empresas telefónicas o las de
algunas tarjetas de crédito. El cliente no debe ser un experto para
comprender porqué debe pagar lo que se le pide.
Con frecuencia, cuando el cliente tiene una duda y recurre al
proveedor para aclararla, es atendido por colaboradores poco
entrenados que no le brindan satisfacción... y que además creen que
atender a ese cliente es una interrupción de su “verdadero” trabajo.
Aquí no nos referiremos a la presencia en la factura de ítems no
pactados previamente, o que el cliente consideraba como incluidos en
el producto base, y que luego resultan ser opcionales.
Rápido acceso al proveedor: Luego de la venta, el cliente debe
poder ponerse en contacto con el vendedor o el soporte de un modo
rápido y sencillo.
Una vez logrado el contacto, quien lo atiende debe estar lo
suficientemente entrenado como para poder darle satisfacción sin
hacerle perder el tiempo.
Contacto posventa: Muchas veces una vez lograda la venta el
proveedor se olvida del cliente, y concentra su esfuerzo en hallar más
clientes. El comprador se siente abandonado, porque realmente ha sido
abandonado.
Si el vendedor establece contactos posventa, se refuerza su vínculo
con sus clientes. Esto influye fuertemente en la actitud del cliente
hacia el proveedor, y es de gran valor cuando se lo emplea como
mecanismo de generar referencias positivas.
Mejorando la percepción del cliente
A lo largo de toda la relación entre proveedor y cliente, desde el
primer contacto hasta la postventa, existen varios elementos que
influyen en el modo en que el cliente percibe a la empresa. Cualquiera
de ellos que falle deteriorará la relación.
Por ello vale la pena volver a revisar estos elementos con mirada
crítica. Siempre encontraremos aspectos para mejorar, y los clientes
lo recompensarán con su lealtad.
El autor, Prof. Edgardo
Frigo (
efrigo@mr.com.ar
,
www.forodeseguridad.com/frigo.htm ),
coordina este Foro
de Profesionales Latinoamericanos de Seguridad, y es Director
Académico de la Federación Panamericana de Seguridad Privada.