Las cookies nos vigilan
Los amos de la Web nos vigilan al mejor estilo del Hermano Mayor
de Orwell
Por Oscar Colom
En la última década del siglo XX, el desarrollo de nuevas herramientas
de marketing significó la pérdida de privacidad individual. Y cuando
parecía que la Red nos iba a devolver el anonimato, la presencia de
softwares de rastreo - cookies - que acumulan datos sobre los
internautas acabó con esa ilusión.
Los "amos de la Web" nos observan, estudian y vigilan al mejor estilo
del Hermano Mayor de la novela de Orwell.
La cultura de la Red sorprende cada día con más y más novedades. Y entre
esas novedades se destacan palabras que pasan rápidamente a formar parte
de nuestro lenguaje cotidiano. Hace poco tiempo nadie sabía lo que era el Nasdaq y hoy se escucha hablar de
sus vaivenes hasta en el atestado andén del subterráneo; los chicos de 5
años distinguen perfectamente un vertical de un horizontal y el e-commerce
es tema de charla obligado, desde el lavadero automático hasta la última
reunión social.
Entre tanta avalancha de neologismos y novedades correlacionadas, el un
candente es el de los cookies. Y lo de candente no es precisamente
porque dichos cookies sean simples galletitas "horneadas a la vista". Ni
siquiera se trata de "galletitas electrónicas" ... aunque lo cierto es
que le están haciendo la vida muy dulce a más de una empresa -
ciberespacio mediante -, mientras que para la mayoría son un bocado
difícil de tragar.
Rastreo cibernetico
En términos de informática, un cookie no es más que un simple fichero de
texto. Pero se trata de un fichero muy especial, que está instalado en
algunos (muchos) servidores usados por las páginas y sitios y que pasa
inadvertido para quien navega pero que entabla un silencioso diálogo
electrónico con su navegador.
Así, "Cookie" detecta cada visita a los sites alimentados por su
servidor y asigna a cada navegante un código de identificación que queda
almacenado en el fichero.
Si es un visitante nuevo, el expediente virtual comenzará a acumular
información sobre él. Si ya lo tiene identificado, el código se activará
y seguirá ingresando datos sobre el visitante, corrigiéndolos y
aumentándolos a medida de que éste navegue. Y el proceso se repetirá
cada vez que la persona visite la página.
¿Qué información recoge y almacena una "Cookie"? Depende de cada uno
pero básicamente toma nota de qué páginas visitó el internauta "XXNN",
qué enlaces abrió, cuánto tiempo pasó en cada uno de ellos, cuánto
tiempo permaneció on-line, qué páginas bajó, qué software usó durante el
proceso, si tuvo dificultades para navegar, su grado de idoneidad en el
manejo de la Red, etc.
Con esa información, "Cookie" comenzará a armar un detallado mapa
personal del internauta de turno: sus gustos, sus hábitos, su perfil
consumidor, su potencial como cliente, sus conocimientos, sus
debilidades, etc. En síntesis, la herramienta de marketing personal
perfecta y un gran negocio para los creadores y proveedores de cookies,
una tecnología muy usada por los sites en forma directa o a través del
software de los anunciantes que adquieren sus banners. Estos a su vez
usan los cookies como sistema personal de reaseguro para contabilizar
las visitas al site y chequear el rédito de su inversión publicitaria.
Pero la información obtenida por "Cookie" - sin consentimiento ni
conocimiento del navegante - puede ser ampliada ... y de hecho lo es.
Cada vez que se llena un formulario para suscribirse a una publicación
electrónica o para hacer una compra on-line, la información se amplía y
el sistema acopla los datos personales - nombre, dirección, teléfono,
e-mail, número de tarjeta de crédito, etc. - al perfil anónimo archivado
bajo un número.
A partir de allí, la información deja de corresponder a un anónimo
código de identidad y un simple cruce de datos (por ejemplo, la
verificación del crédito disponible en su tarjeta) aporta información
sobre la persona que crece en forma geométrica.
"XXNN" pasa a ser Fulanito de Tal, 38 años, administrativo de un
laboratorio de especialidades veterinarias, 3 tarjetas con un crédito
aceptable, cliente de 2 bancos con un buen registro de cumplimiento de
obligaciones, vive en un 3 ambientes en un barrio de buen perfil, le
falta menos de 1 año para terminar de pagar el préstamo hipotecario, no
tiene hijos ni seguro de vida pero sí tiene miedo de quedarse pelado
porque en el último año visitó 16 veces páginas en las que se habla
sobre la recuperación del cabello.
Además le gustan las carreras de autos, está pensando en viajar al
Caribe el próximo verano - en los últimos meses hizo 6 visitas a
portales turísticos y abrió los links caribeños otras tantas veces - y
es un poco voyeur o al menos se hace los ratones porque este fin de
semana pasó 1 hora 23 minutos 48 segundos recorriendo los links de
obsession.com, el browser de pornografía hardcore holandesa ...
Eso sí, no usó su tarjeta para bajar los contenidos de las páginas que
más le gustaron porque tiene miedo de poner sus datos en la Red sin
protección ... o de que su esposa (bancaria, 35 años, gasta mucho en
zapatos y la probabilidad de que sea la instigadora del viaje al Caribe
es de 78,41%) se entere.
Invasión a la privacidad
Las consecuencias más simples de esta metodología no se hacen esperar.
De repente, el buzón electrónico de Fulanito de Tal se ve atosigado de
información no solicitada - catálogos, ofertas, boletines, etc. - y el
pobre hombre no entiende nada. Como si no fuera suficiente con la
publicidad que entra como torrente imparable (igual que las facturas)
por debajo de la puerta y los mensajes de personas que no conoce que
saturan su contestador, ahora lo invaden a través de la Red!
En cuanto a las consecuencias más graves - la pérdida definitiva de la
privacidad, la sensación de ser observados, estudiados, discutidos y
analizados por "consultores", "expertos" y demás etc. -, la pesadilla
orwelliana combinada con la metamorfosis kafkiana parece a su lado un
simple juego de niños.
Hace rato que sabemos que nuestros datos están en manos de terceros (y
cuartos y quintos), que estos los usan para sus propios fines y ganan
dinero con ellos. Lo sabemos y, aunque no nos guste, lo aceptamos a
regañadientes. Pero de ahí a saber que existen ojos ocultos y
omnipresentes que nos vigilan desde el espacio cibernético hay una gran
diferencia ... especialmente si tenemos en cuenta que la Red nació como
sinónimo de libertad y que buena parte de dicha libertad radica en el
anonimato.
Ahora nos enfrentamos a la triste realidad de que nuestras huellas
electrónicas pueden ser (y son) seguidas por sabuesos cibernéticos que,
aunque no se parecen a los perros mecánicos de la novela de Ray Bradbury,
tienen un olfato muy agudo para detectar nuestras debilidades.
La "crisis de los cookies" estalló cuando Kevin O'Connor, presidente y
CEO de DoubleClick anunció que esa empresa iba a "cruzar" su banco de
datos virtual (100 millones de expedientes) con otro banco de datos
obtenidos off-line. O sea que iban a ponerle nombre y apellido a los
códigos numéricos y a bucear en la intimidad de las personas.
DoubleClick es la mayor red de anunciantes virtual y el mayor
administrador de "cookies" del mercado, con 11.500 sites bajo monitoreo
electrónico.
El número de portales es de por sí impresionante pero si se tienen en
cuenta que uno de ellos es el horizontal Altavista no queda mucho que
agregar sobre el potencial invasivo de DoubleClick. Para concretar esta
gigantesca operación, DoubleClick adquirió Abacus Direct Corporation, la
mayor empresa de marketing directo de los Estados Unidos, cuyo
gigantesco banco de información incluye toda la data pertinente del 90%
de los hogares de ese país.
El tema de la invasión de la privacidad y
manipulación de los datos personales con fines comerciales requiere la
urgente atención de todos los sectores.
Los usuarios deben tomar conciencia de que su vida y comportamiento
están siendo estudiados del mismo modo que son estudiados los hábitos de
los animales. Los dueños de los recursos invasivos deben entender que
los límites son tan necesarios como la información y que el
avasallamiento de los derechos de los usuarios pueden terminar por
volverse en su contra.
Y las autoridades tienen que entender que el vertiginoso desarrollo de
la innovación tecnológica requiere de su atención antes de que se
convierta en sinónimo de desenfreno y el ciberespacio pase de ser la
tierra de todos a ser otra tierra de nadie...
Oscar Colom integraba el Consejo Editorial de la revista
Internet, dedicada a los negocios en Internet.
Este artículo fue publicado en
http://www.forodeseguridad.com/artic/discipl/disc_4012.htm