Una reflexión que va más allá de lo
bomberil
Por Jorge Reina Noriega
Sentir el ulular de la sirena, mirar como rauda y
presurosa, se desplaza una de nuestras unidades por las calles de la
gran ciudad, con sus luces tintineantes como estrellitas caídas del
cielo o como los carros iluminados de Santa Claus, con sus cargas de
jóvenes de uno y otro sexo, que llevan pintados en sus rostros la
angustia del llegar rápido con la finalidad de ayudar; con sus manos
sudorosas crispadas en los fierros viejos de tanto traquetear.
Para ellos no hay la paga en metales que envilece
algunas veces nuestras acciones o las gracias que muchas veces
satisface nuestro ego y engorda nuestra vanidad, para ellos solo
existe la satisfacción del deber cumplido y algunas veces las
miradas furtivas de almas piadosas que en una comunión con el
Todopoderoso comprenden que estos muchachos son la extensión de la
mano de Dios.
Todo el trabajo y la responsabilidad en estos mozalbetes, verdaderos
adalides del sacrificio y del trabajo voluntario. Hombres que miran
el futuro de la Patria con confianza, porque su grandeza es y será
el resultado de su esfuerzo tesonero.
Para ellos no existe el viernes criollo o el sábado
de juerga o el domingo pachanguero, ellos solo ven los días de
guardia, sus minutos de sana camaradería, sus momentos de
esparcimiento, o sus horas de cuidar las máquinas, limpiar el
cuartel, lavar sus uniformes, y la mas de las veces sus ayunos
prolongados, porque en nuestros locales sobra infinidad de veces la
voluntad, pero falta casi siempre los alimentos, ya que estos solo
vienen de donaciones o de las famosas chanchitas escuálidas de
nuestro personal.
Cuantos de ellos serán los jefes que conducirán nuestra Institución
el día de mañana y cuales serán sus actitudes en el horizonte y
abanico de dificultades, que ahora para muchos de nosotros nos
parecen imponderables.
Miles de adelantos en la tecnología serán sus
instrumentos que les ayudarán a solucionar sus problemas y les
parecerá ridículo las angustias y el estrés que ahora muchas veces
nos agobia. Seguro estoy que sus ojos acuciosos miran donde muchos
creen que no ven y su silencio solo es el análisis concienzudo de
nuestras ineptitudes y de ninguna manera signo de debilidad o de
apañamiento.
Por eso hagamos conciencia que este cuerpo terrenal hecho de carne y
hueso, que fácil acepta los halagos, los mimos y las flores, que
infinidad de veces, se envanece y se siente orgulloso, con el
trabajo hurtado a otros, donde solo somos meros espectadores,
también debe vestirse con el uniforme de la humildad y aceptar a
recibir las críticas o esos comentarios que en la transparencia de
quienes lo vierten, solo nos permitirán observarnos en nuestro Yo
interno para comprender que muchas veces solo somos prisioneros de
nuestra ceguera espiritual y que la soberbia insensible que nos
invade, a veces sin darnos cuenta, daña a los que mas apreciamos.
Hoy, estamos a tiempo, de volver a recorrer el camino andado. De
poner orden, donde nosotros creemos que las cosas están bien. De
acabar con los abusos del poder de aquellos que hacen tabla raza de
los principios, escudándose en la generosidad de nuestra amistad mal
entendida. De ser equitativo en la distribución de los bienes que
están a nuestro cuidado y responsabilidad y que no se crea que somos
utilizados por nuestra ingenuidad y tolerancia.
Que nos recuerden por nuestros hechos y por la claridad de nuestra
conducta inmaculada, por nuestra entrega a todas las cosas nobles y
en beneficio de los que confían en nuestra justicia.
Encendamos la llama de la verdad para que brille
dentro de la oscuridad negra de la indiferencia y la maledicencia y
permítanme a mí seguir ofreciendo a mis pacientes ya no el beneficio
de las drogas maravillosas que curan el cuerpo y a veces dejan
enferma el alma, sino la panacea bendita proveniente de la mano de
Dios, que es la "esperanza" que alivia todas las dolencias y abren
las puertas de siempre un mañana mejor, con igualdad para todos, con
libertad entre hermanos y sobre todo con mucho amor entre todos los
hombres de buena voluntad, y solo así podremos construir una
Institución mas fuerte y vigorosa, un Perú mas homogéneo y un Mundo
mas humano.