Hacen falta nuevos paradigmas para la nueva
“insurgencia globalizada”
Por Fabián Calle
"El propio presidente Bush subrayó la posibilidad de emular (en
Afganistán) programas de asistencia militar y de seguridad como el Plan
Colombia (...) y su continuidad en el Plan Colombia II (actualmente
debatido en Washington e involucrando 3,9 mil millones de dólares en 7
años)"
En los últimos años, y especialmente en los meses recientes, se han
producido un conjunto de cambios en los destinos de funcionarios
diplomáticos y militares de los EE.UU. que de una manera u otra parecen
demostrar el interés estratégico de la superpotencia de utilizar en
Afganistán las experiencias acumuladas en la guerra civil y la lucha
contra el narcotráfico que viene dando en Colombia desde hace décadas.
En este sentido, se destaca la decisión de enviar al actual Embajador de
Washington a ocupar la estratégica Embajada en Kabul. La ex Embajadora
en Colombia, Anne Paterson, actualmente es la responsable de monitorear
las tareas de organización y entrenamiento de las fuerzas de seguridad
afganas.
En Enero pasado, el Jefe del Estado Mayor Conjunto de los EE.UU.,
General P. Pace, afirmó que las políticas que el Presidente Uribe
ejecuta contra el terrorismo y el narcotráfico podrían servir de ejemplo
y guía para su par afgano. Asimismo, el hasta hace pocos meses Jefe del
Comando Sur, General B. Craddock, ahora conduce las fuerzas militares de
la OTAN que entre sus principales misiones sobresalen las acciones
bélicas en Afganistán.
Actualmente Colombia entrena oficiales de las fuerzas de seguridad
afganas en campos de entrenamientos para fuerzas especiales de la
Policía Nacional y se han producido visitas de oficiales del país andino
a Afganistán con el objeto de brindar conferencias y asesoramiento.
Por último, el propio Presidente G.W. Bush subrayó la posibilidad de
emular programas de asistencia militar y de seguridad como el Plan
Colombia (aprobado en el último tramo de la administración Clinton en el
2000 y que implicó 4 mil millones de dólares) y su continuidad en el
Plan Colombia II (actualmente debatido en Washington e involucrando 3,9
mil millones de dólares en 7 años).
El “modelo colombiano” impulsado desde el 2002 por el Presidente
A. Uribe se denomina “Seguridad democrática” y tiene como algunos de sus
pilares:
1) el aumento del presupuesto de Defensa y de seguridad
2) el cobro de impuestos especiales a los sectores de mayores ingresos
para financiar la guerra)
3) la recuperación de la presencia del Estado en amplias regiones del
país
4) la organización de “rondas campesinas” para hacer frente a la
guerrilla
5) una activa tarea de fumigación de las plantaciones de coca
6) ofensiva para presionar a los paramilitares de ultraderecha a
negociar su desmovilización
7) reforzar el control civil de las FF.AA
8) atacar los flujos financieros del narcotráfico y los grupos armados y
8) potenciar el control de las fronteras nacionales.
A primera vista surgen tentadoras semejanzas entre Colombia y
Afganistán:
1) la primera concentra una abrumadora mayoría de la producción de
cocaína del mundo y en mucho menor medida de heroína, en tanto que
Afganistán produce casi el 90% de la heroína
2) existen grupos armados (FARC y paramilitares y los Talibanes y
“señores de la guerra”) que son acusados de financiarse con las
actividades del narcotráfico.
No obstante las semejanzas parecen limitarse a esos puntos:
1) Afganistán es un país invadido (bajo mandato de la ONU y con la
presencia de más de 20 mil efectivos de los EE.UU. y el Reino), en tanto
que en Colombia existen menos de 2000 militares y contratistas
estadounidenses
2) El régimen de Kabul opera en un país colapsado y con todas las
características de “Estado fracasado”, una versión claramente mucho más
extrema de lo que sucede en Colombia
3) el destino del país musulmán, está estrechamente ligado a lo que
ocurrirá en la lucha global contra el terrorismo, no así el caso
colombiano.
Lamentablemente, y volviendo a las semejanzas, en ambos casos queda
demostrado los serios problemas para controlar el narcotráfico: según
la ONU en el 2006 el narcotráfico aumento un 56% en Afganistán, en
tanto que en Colombia la producción de cocaína es casi igual o un
poco mayor que antes que comenzara el tan mentado “Plan Colombia”
poco más de un
lustro atrás.
El juego de espejos entre Afganistán y Colombia se complementa con el
creciente interés del Pentágono en la experiencia contrainsurgente de
los EE.UU. en El Salvador en los ´80 (o sea un grupo reducido de
asesores militares, asistencia económica y bélica e inteligencia humana
y electrónica), en este caso para el pantano iraquí.
El mismo “Iraq Study Group” (o Comisión Baker-Hamilton) que brindó su
asesoramiento a la Casa Blanca y diera a conocer su informe pocos meses
atrás, incluye algunos cursos de acción que guardan ciertas semejanzas
con lo visto en el país centroamericano. Uno de los miembros de ese
grupo, integrado tanto por especialistas demócratas como republicanos,
era Robert Gate el actual Ministro de Defensa de la superpotencia.
Llegado a este punto cabría recordar que el conflicto en El Salvador,
aun en fechas tan tardías como fines de 1989, presentaba una fuerte
ofensiva guerrillera sobre la misma capital (la cual fue repelida con
gran esfuerzo) y negociaciones políticas entre las partes que derivaron
en la paz sin vencedores ni vencidos de 1992.
Estas readaptaciones de experiencias insurgentes del pasado o de
situaciones históricas y culturales muy diversas al Medio Oriente son
vistas como inconducentes por uno de los mayores teóricos en
contrainsurgencia, el Teniente Coronel (retirado) del Ejército
australiano y Doctor en antropología, David Kilcullen.
El mismo, se desempeña como uno de los principales asesores del
Departamento de Estado en esta materia y es hombre de consulta de otro
referente ineludible en este campo, y actualmente al comando de las
fuerzas militares de los EE.UU. en Irak, el Teniente General D. Petraeus
como nuevo Jefe de las fuerzas militares en Irak.
Proveniente de los “Rangers” y reconocido especialista contrainsurgencia
y Operaciones de Estabilización Posbélicas (o Fase IV), tiene como
algunos de sus principales antecedentes el haber redactado en el 2006,
junto al Teniente General J. Amos de los Marines, un manual (destinado
al Ejército, Marines, Reservas y Guardia Nacional) titulado “Counterinsurgency”.
Kircullen subraya las fuertes particularidades que presente el fenómeno
del terrorismo internacional de alcance global de inspiración
islámica-radical y convoca a no despreciar pero tampoco considerar una
guía muy adecuada a los manuales clásicos de insurgencia y
contrainsurgencia que signaron el período entre los años ´40 y los ´80.
En sus escritos, diferencia claramente el actual caso en Colombia y de
lo ocurrido en El Salvador vis a vis lo que viene aconteciendo en Irak y
Afganistán y su interacción con el movimiento ideológico en el cual se
han transformado Al Qaeda.
El carácter fuertemente transnacional y
multinacional la misma, el uso intensivo de la propaganda por medio de
un sofisticado uso de Internet, videos, etc., la inexistencia de
jerarquías claras y organizaciones estructurales.
En la visión de este militar y académico, conceptos tradicionales
como “célula”, “foquismo”, etc., son de escasa utilidad para comprender
el fenómeno.
En otras palabras, hay que desarrollar, eso mismo está haciendo su área
en el Departamento de Estado, un nuevo paradigma para lo que el define
como “insurgencia globalizada”.
Tomado del sitio Web del
Centro de Estudios Nueva Mayoría,
www.nuevamayoria.com ,
un excelente sitio Web de análisis político latinoamericano. Visítelo!
Y gracias como siempre, Fabián y Colegas de Nueva
Mayoría!