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El
estrés postraumático y el daño psicológico aumentan el riesgo de sufrir
enfermedades futuras, tales como problemas cardíacos, después de sufrir
o presenciar un delito... y tiene efecto acumulativo
Lejos de los debates sin soluciones sobre las frecuentes olas de delitos
en las que queda sumergida la tranquilidad social, están las huellas
psicológicas con las que las víctimas deben convivir de por vida. Nuevos
estudios empiezan a confirmar que esas huellas dejarían marcas en la
salud física.
"No podemos afirmar que todas las personas que sufren un delito
desarrollan enfermedades, pero existen evidencias de que los eventos
traumáticos afectan la salud de las víctimas: realizan más consultas
médicas, se les realizan más cirugías o tienen una mayor cantidad de
síntomas somáticos", explicó a LA NACION la psicóloga Birgit Pfitzer,
investigadora de la Universidad de Adelaida, en Australia.
Pfitzer acaba de finalizar un estudio piloto en víctimas de abuso
sexual, violación de domicilio, estafa, violación y en sobrevivientes a
intentos de homicidios. Los resultados preliminares, que la
investigadora presenta hoy en la última jornada del IV Congreso Mundial
de Estrés Traumático, que se realiza en el país, demostrarían la
relación entre el estrés postraumático y la aparición de
indicadores que aumentan el riesgo de sufrir enfermedades futuras, como
los problemas cardíacos.
Para determinarlo, el grupo dirigido por Pfitzer comparó los efectos del
estrés crónico en la salud de dos grupos de participantes: 27 víctimas
de delitos versus 31 personas que no habían sufrido ningún delito. A
todos se les realizaron mediciones psicológicas para evaluar el nivel de
estrés y se les extrajo muestras de sangre.
"Es muy difícil encontrar y confirmar efectos directos entre el estrés
generado por un evento traumático y las enfermedades orgánicas, pero
estudios previos demostraron que el estrés postraumático afecta
principalmente al sistema inmune", dijo la científica alemana que
realiza su investigación de doctorado en el Departamento de Psicología
de la universidad australiana.
En el estudio, comentó Pfitzer, las víctimas tenían síntomas
postraumáticos, entre los que suelen estar revivir la angustia del hecho
vivido, repetir involuntariamente reacciones de ese momento, sentir
despreocupación e indiferencia, insensibilidad emocional, aislamiento,
falta de interés en las actividades diarias, vigilancia excesiva,
irritabilidad o ataques de ira y sufrir falta de sueño, entre otras.
Sin embargo, aclaró la especialista, en la aparición de esos síntomas
pueden influir experiencias traumáticas previas al delito, lo que
confirma un estudio sueco en 6000 vendedores de comercios.
La investigación demostró que una experiencia violenta previa a un robo
aumenta 2,5 veces más el riesgo de desarrollar el trastorno de estrés
postraumático después de sufrir o presenciar el delito.
"Hablamos de un efecto acumulativo -resumió el doctor Hans Peter
Söndergaard, autor principal del estudio-. La experiencia previa podría
tener alguna similitud, pero también podrían influir razones bioquímicas
para ese efecto.
Las mujeres que buscaron ayuda después de una violación, por ejemplo,
tienen mayor riesgo de desarrollar estrés postraumático si tienen bajo
el nivel de cortisol, un descenso hormonal característico del estrés
crónico y que le impide al organismo enfrentar el evento traumático."
El equipo dirigido por Söndergaard, del Instituto Nacional para la
Investigación de Factores Psicosociales y Salud, de Suecia, determinó
que el robo era la situación laboral negativa más frecuente (44,7%)
mencionada por los vendedores. Y los investigadores observaron que
sufrir un robo aumenta el nivel de ansiedad, pero no el riesgo de sufrir
depresión.
Entre los participantes del estudio, 96 dijeron haber comenzado a sufrir
dolor de cabeza, espalda y cuello; tener presión arterial elevada;
sentir depresión, ansiedad y somnolencia; sufrir gastritis y úlcera;
tener dolor en las articulaciones y desarrollar psoriasis, problemas de
tiroides, fibromialgia, diabetes, asma e, incluso, aumentar de peso.
"La salud física puede desmejorar debido a las alteraciones del sueño
que, a menudo, son parte del trastorno de estrés postraumático", indicó
Söndergaard a LA NACION vía correo electrónico antes de la presentación
de los resultados en el congreso organizado por la Sociedad Argentina de
Psicotrauma.
"Durante el sueño profundo, que son los primeros 100 minutos del
descanso -continuó el experto-, se suceden procesos regenerativos que se
alteran cuando el desorden del sueño forma parte del trastorno.
Lo mismo ocurre con el sueño REM, lo que reduce la capacidad de procesar
las emociones y de deshacerse de los problemas creados por el recuerdo
del evento traumático."
A los tres meses
El trastorno de estrés postraumático, que se caracteriza por la
existencia de una amenaza de lesión o de muerte para quien sufre el
evento traumático o un tercero, puede aparecer de manera inmediata o a
los seis meses.
En la investigación dirigida por Pfitzer se analizaron los efectos del
estrés traumático a partir de los tres meses posteriores al delito,
aunque entre los participantes hubo personas que habían sido víctimas de
un delito hacía 16 años.
"Estudiar el efecto del estrés a largo plazo en las víctimas de delitos
es importante porque a menudo también sufren los problemas relacionados
con el proceso legal, la incapacidad laboral y los problemas físicos y
psicológicos", explicó la investigadora.
La acumulación de las tensiones que genera todo esto, y que no se agota
una vez que la víctima denunció el delito y regresa a su casa,
debilitaría a largo plazo las defensas del organismo.
"Entonces, las víctimas de delitos podrían sufrir deficiencias en el
sistema inmune, por lo que decidimos estudiar el bienestar psicológico
de los participantes y analizar distintos indicadores bioquímicos en la
sangre -dijo-. Hallamos que algunos de esos marcadores habían cambiado,
lo que podría deberse al estrés."
Uno de esos indicadores, el que más llamó la atención a la
investigadora, fue el de la inflamación, que suele estar asociada con la
aterosclerosis y el riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
Claro que, la respuesta exacta aún se desconoce. "Existen varios
mecanismos -puntualizó Söndergaard-. Uno es la sensación exacerbada a
largo plazo de alerta y excitación propia del estrés postraumático.
Esto puede aumentar la presión arterial y la tensión muscular, que
produce dolor y fibromialgia. Otro mecanismo es la variación en
distintas hormonas esteroides, como el cortisol o dehidroepiandrosterona,
que pueden alterar la respuesta inflamatoria del sistema inmune y
provocar enfermedad."
La recuperación del estrés postraumático
depende de muchos factores, entre ellos, el apoyo social, la asistencia
terapéutica, las estrategias de autorrecuperación, las creencias
religiosas, la valoración personal de la realidad y las experiencias
previas.
"Si alguien ha sufrido una experiencia traumática previa, el delito
puede disparar muchísimas consecuencias para la salud", concluyó Pfitzer.
Por Fabiola Czubaj, de la Redacción de La
Nación. Tomado de www.lanacion.com
. Gracias, Colegas!
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