Seguridad en
bibliotecas
Abarca la seguridad de usuarios y personal, de edificios e
instalaciones y la seguridad del acervo bibliográfico
Por Juan José Prieto Gutiérrez(*)
La seguridad en bibliotecas abarca tres campos: la seguridad de usuarios
y personal, la de edificios e instalaciones y la del acervo
bibliográfico. Frecuentemente son tratados de forma independiente, pero
el tratamiento conjunto de los mismos provoca que se forme un valioso
mallado mejorando su efectividad.
Las bibliotecas se encuentran gestionadas en su mayoría por las
administraciones locales, autonómicas y estatales, suelen pertenecer a
redes o agrupaciones, encontrándose desperdigadas, y físicamente se
ubican integradas generalmente en el interior de edificios e
instituciones con otros compromisos y ocupaciones, obstaculizando la
creación y puesta en marcha de una unidad central dedicada a la
seguridad de las tres áreas indicadas anteriormente.
Pero, ¿existe la seguridad total? Se parte de la base de que la
seguridad total es una quimera en cualquiera de los tres elementos a
proteger dentro de las bibliotecas. El objetivo más adecuado a seguir es
gestionar el riesgo a un nivel aceptable, que pueda asumirlo la
institución sin grave quebranto.
Si por riesgo se entiende la contingencia de un daño, la valoración del
riesgo puede llevarse a cabo considerando la probabilidad de que suceda
la amenaza y las consecuencias que podrían derivarse de la misma. Los
riesgos pueden interpretarse en dos bloques:
- Los riesgos propios de las operaciones del proceso.
- Los riesgos ajenos o derivados de actuaciones externas.
¿Por qué es necesaria la seguridad, entendida ésta como calidad de
seguro?
Debido, de algún modo, a varios factores; por un lado a la incertidumbre
de preservar y mantener los tres elementos señalados con anterioridad,
el acervo bibliográfico, los edificios y los ciudadanos que acuden; por
otro, debido al reciente conocimiento de robos y expolios de documentos
históricos producidos recientemente en bibliotecas como la Nacional en
España y la Nacional de Argentina, donde se robaron mapas antiguos, la
Nacional de Uruguay, la biblioteca principal del Ministerio de Asuntos
Exteriores de España, que “perdió” en los últimos años más de 200 libros
de altísimo valor histórico de los siglos XVI, XVII y XVIII, la
Biblioteca Nacional de Francia y un sin fin de bibliotecas, sin contar
los expolios producidos en países azotados por guerras y catástrofes
naturales; y por último, la inestabilidad percibida por la humanidad
debido a los atentados terroristas ocurridos en diferentes partes del
mundo que ha obligado de una manera u otra a incrementar los sistemas de
seguridad, especialmente en los edificios de carácter público, como las
bibliotecas.
¿Cómo se soluciona y cómo se puede llevar a la práctica?
Lo más eficiente es la realización y puesta en marcha de un Plan de
Seguridad dirigido a las tres partes mencionadas, debiendo contar con
procedimientos y protocolos documentados, brindando al personal de
seguridad y staff habilidades para llevar a cabo acciones ordinarias así
como bajo condiciones de elevada amenaza.
En este documento se describirían políticas, principios y normas que en
materia de seguridad se consideren esenciales y orientadas por un lado a
actuaciones ante emergencias y accidentes provocados por causas
intrínsecas y extrínsecas al centro. Es necesario el establecimiento de
la jerarquía de responsabilidades en la gestión de la seguridad,
manuales de intervención, puntos de encuentro, informaciones sobre
simulacros, disposición de planos de emergencias de la biblioteca
visibles, señalizaciones, protocolos de equipos de evacuación de
ciudadanos y documentos, responsabilidad de los activos, manejo de
utensilios como extintores, listines de teléfonos, etcétera. Y se debe
combatir la desaparición y robos de material bibliográfico (atajados
mediante el empleo de los diferentes sistemas de seguridad).
Las referencias sobre las legislaciones vigentes y los documentos de
detalle donde se encuentran desarrolladas las normas son de vital
importancia, al igual que la comunicación de las políticas a todo el
staff del centro, siendo comprensibles para todos ellos.
Es necesario tener en cuenta tres puntos de vista relativos a la
tipología de la organización de la seguridad que se considera,
disponiendo de:
1. Sistemas gestionados por la propia biblioteca.
2. Accesos de terceras partes (asistencia técnica, por ejemplo).
3. Sistemas de información externalizados.
Es evidente que un buen trabajo en la prevención y en el desarrollo de
los planes de seguridad servirán no sólo para reducir las primas que las
bibliotecas abonan a las aseguradoras, sino, sobre todo, para garantizar
la tranquilidad a usuarios, empleados, a la biblioteca en su conjunto y
para mantener los fondos documentales íntegros.
Todo Plan debe definir los sistemas de seguridad que desea implantar en
el centro, clasificándose en manuales y electrónicos e interiores y
exteriores, y siempre bajo la mirada de personal humano.
Algunos sistemas redundan en lo racional, como la creación de
condiciones físicas óptimas del entorno, diseño y arquitectura del
edificio beneficioso para la aplicación de un plan, normas visibles,
conocimientos de los procedimientos legales, instalación de carteles y
señales, identificación en accesos, duplicado de fondos, taquillas,
arcos antihurto, personal de seguridad y vigilancia, etcétera; pero
muchos centros carecen de ellos provocando altos índices de pérdidas de
documentos.
La implantación de sistemas de seguridad electrónicos comenzó a
popularizarse en las bibliotecas hacia 1970 que, en combinación con los
sistemas manuales, buscaban la reducción o anulación de los deterioros y
robos de bibliografías. Hoy en día, la mayoría de las bibliotecas
disponen de ellos.
El control y detección del perímetro exterior referente a la seguridad
de las bibliotecas es vital, ya que el acceso al centro proviene del
exterior del mismo; destacando detectores asociados a vallas, por
microondas, protección perimetral con CCTV, detectores de campo
eléctricos, de línea bajo tierra sísmico-magnéticos, de infrarrojos y
detectores puntuales. Sin olvidar que las nuevas tecnologías y el gran
poder de los procesadores actuales se han unido para crear la vídeo
inteligencia artificial. En definitiva, los sistemas, hoy en día, pueden
ver y mirar.
La particularidad de las bibliotecas, como se ha explicado con
anterioridad, radica en que suelen encontrarse emplazadas en el interior
de edificios, por lo que la seguridad exterior compete a varios sectores
o departamentos y no en exclusiva a la biblioteca, si bien los
detectores indicados pueden instalarse igualmente para detectar
anomalías e intrusiones al centro.
Las condiciones físicas del entorno deben ser estudiadas, igualmente,
para la elección del equipo más óptimo según las características del
centro.
Internamente, las medidas aplicadas hacia las distintas situaciones para
llevar a cabo los protocolos de seguridad varían dependiendo de si el
centro se encuentra abierto o cerrado al usuario, diferenciándose
incluso según los distintos perfiles de acceso. Esto teniendo en cuenta
que la mayoría de los actos de robos y mutilaciones ocurren
prácticamente en su totalidad a la luz del día y con la biblioteca
abierta, por lo que las medidas y personal de seguridad deben estar
operativos en todo momento.
Es conveniente destacar las siguientes medidas internas:
- Cámaras de videovigilancia.
- Tornos para controlar el acceso mediante un documento o carné.
- Alarmas.
- Arcos de seguridad antihurto.
- Detectores de metales.
- Sistemas antihurto para documentos.
- Sensores volumétricos y de proximidad.
- Sensores inteligentes.
- Notificaciones.
- Vigilancia física mediante presencia y rondas.
En una sociedad cada vez más tecnificada y automatizada destaca el
interés, y en muchos casos la necesidad, por la identificación, control
y localización de objetos y personas, destacando la radio frecuencia (RFID)
y la biometría, permitiendo incrementar la caracterización, lo cual
redunda en mayor seguridad, reduciendo perdidas y robos de documentos,
extendiendo la posibilidad de acceso a los mismos. Ambas técnicas son
usadas cada vez con más frecuencia en bibliotecas de todo el mundo.
En definitiva, el futuro de la seguridad documental ha de contemplar la
reducción de los siniestros, bien por robo o bien por pérdida. La
tecnología se encuentra presente para satisfacer las funciones de
preservación y accesibilidad de las colecciones en las bibliotecas.
Las tradicionales bibliotecas convivirán con los nuevos modelos
virtuales, adaptándose la seguridad gracias a las nuevas tecnologías,
proporcionando soporte a los usuarios que acceden tanto a la biblioteca
como a los documentos. Los servicios disponibles online ofrecerán
protección frente a hackers, crackers, cibercriminales, etcétera
salvaguardando la información bibliográfica almacenada y protegiendo a
los usuarios.
En cuanto a la seguridad de usuarios y personal, en el año 2007, el
Ministerio del Interior, mediante Real Decreto 393/2007 aprobó la Norma
Básica de Autoprotección, siendo necesaria en aquellos centros,
establecimientos y dependencias dedicados a actividades que puedan dar
origen a situaciones de emergencia.
Dicha Norma abarca desde la seguridad relativa a los trabajadores,
regulada por la Ley 31/1995 de de Prevención de Riesgos Laborales, así
como a todas las personas que hay en el interior de la biblioteca, todo
lo cual viene a su vez regulado por la Ley 2/1985 de Protección Civil.
La Norma Básica de Autoprotección aplicada a bibliotecas, establece la
obligación de elaborar Planes para la autoprotección a través de Planes
de Emergencias y de Evacuación.
Los usuarios que acuden a las bibliotecas difieren de los que acuden a
otros centros culturales como museos y archivos, debido a que es un
público que repite, que acude al centro con frecuencia y asiduidad,
adquiriendo conocimiento de hábitos y debilidades de los bibliotecarios
y de los sistemas de seguridad.
Ante este escenario, es imperativo el cumplimiento de normas y
protocolos dirigidos a la consulta de fondos valiosos, debiendo ser
acatados tanto por unos como por otros.
Respecto a los perfiles de los que cometen actos ilícitos destacan tres
categorías de “ladrones”: coleccionistas compulsivos, delincuentes
eventuales y de ocasión y los pertenecientes a redes profesionales
internacionales.
Es importante destacar que, en la actualidad,
muchas bibliotecas no son concebidas con todas las medidas indicadas
anteriormente, y por tanto la seguridad que puede lograrse por medios
técnicos es limitada, debiendo ser respaldada por una gestión y
procedimientos adecuados. En estos casos la identificación de los
controles que deben implementarse requiere una cuidadosa planificación y
atención a todos los detalles.
La administración de la seguridad exige, como
mínimo, la participación del responsable de la biblioteca, proveedores y
empresas de seguridad, gerente y administrador del edificio e incluso
puede requerirse el asesoramiento experto de organizaciones externas.
Finalmente, es importante destacar que los controles de seguridad
resultan considerablemente más económicos y eficaces si se incorporan en
la etapa de especificación de requerimientos y diseño.
(*)
Juan José Prieto Gutiérrez,
de la Biblioteca de la Facultad de Derecho de la
Universidad Complutense de Madrid, es el autor es este material, que
tomamos del excelente sitio web de Belt Ibérica,
www.belt.es .
Gracias, colegas!
Este artículo fue publicado en
http://www.forodeseguridad.com/artic/discipl/4165.htm